Hoy en día, en el contexto actual en el que vivimos, la prevalencia de obesidad y sobrepeso siguen con tendencia a aumentar.WHO Key Facts

Pero, ¿cómo puede ser? Hoy, que empezamos a darnos cuenta de la estrecha relación que existe entre la alimentación y salud, hoy, que supuestamente tenemos al alcance más información que antes, hoy, que vivimos más concienciados con la nutrición, por no hablar de nuestro patrón de alimentación por excelencia, la famosa dieta Mediterránea (reconocida en 2010 Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO).

A pesar de todo esto, convivimos en los países desarrollados con esta gran epidemia del siglo XXI, con España a la cabeza en la UE después de Inglaterra.  Aunque peor aún es la perspectiva para dentro de 10 años de los países en vía de desarrollo, como Méjico. Obesity Update 2017 in OECD countries.

¿La OBESIDAD puede prevenirse? La respuesta es SÍ, pero desde luego algo falla. No basta con campañas de sensibilización y prevención con recomendaciones generales, ya que es evidente que la población no ha cambiado su conducta en los últimos años. En mi opinión, se deberían además, tomar medidas en los siguientes aspectos:

– Publicidad y marketing de la Industria Alimentaria. ¿Somos realmente libres de comprar un producto u otro?, ¿tenemos una información clara para poder elegir correctamente qué comemos? Pues en un principio podríamos decir que sí, pero en realidad es difícil saber si lo que estamos comprando va a ser la mejor elección. Existe un exceso de información en las etiquetas de los productos. Se destacan mensajes innecesarios o se le atribuyen al alimento cualidades extraordinarias con el fin de llamar la atención del consumidor y vender más:

  • Alimentos “sin” (vamos a meter miedo): productos sin gluten, sin aceite de palma, sin azúcar, sin conservantes, sin aditivos, sin grasas, sin lactosa, etc. Espinacas congeladas “sin gluten” vale, ¡gracias!, leche sin lactosa y sin grasa ¿realmente lo necesito?, crema de cacao sin aceite de palma ¿eso lo convierte en un mejor alimento?                                                                                                 
  • Alimentos “con” (los nuevos imprescindibles): productos enriquecidos con algún nutriente: con omega-3, con calcio, con fibra, con vitaminas, con 8 cereales etc. Y es que ¿porqué una madre no va a comprar lo mejor papilla para su bebé si pone con 8 cereales y no 2, o unos Donuts con hierro y calcio para su hijo adolescente? 
  •  Alimentos con declaraciones o eslóganes atractivos: “100% natural, receta tradicional,   digestivo, en línea, detox, original, te hace bien, vitalidad, alimento de los campeones, te da alas, destapa la felicidad, ayuda a tus huesos, funciona,” etc. ¿a quién no le suena alguno de estos?

Demasiada información que genera des-información

 La mayoría de estos productos prometedores no son ni necesarios, ni tan buenos, ni saludables como los pintan, pero es evidente que de alguna manera condicionan y confunden al consumidor. Estoy convencida de que hay gente que compra en el supermercado más “eslóganes saludables” que alimentos de verdad. 

– Vivimos rodeados de comida, y no de la buena. Esto es lo que se llama ambiente obesogénico: máquinas de vending en el trabajo, en el colegio, en el metro, incluso en hospitales, la publicidad de alimentos por todas partes, los regalitos y chorraditas dentro de bolsas de patatas, en huevos de chocolate o en un famoso menú infantil, el 2×1 del súper, el tamaño XL de palomitas del cine, etc. En definitiva, vivimos expuestos constantemente a tentaciones no saludables. Además, cualquier excusa es buena para comer mal: en el break del trabajo, recreo del cole, reunión de empresa, al salir del gym y ¿cuando quedamos a tomar “algo” con los colegas? ese algo desde luego, no son manzanas.

– Comer mal cuesta muy poco. He oído muchas veces lo contrario, que llevar una dieta saludable sale caro. Pero la realidad es que la oferta de productos ultraprocesados cada vez es más amplia y más barata. Cuando llenamos el carro de la compra hasta arriba de productos con eslóganes saludables y lo comparamos con una cesta con materias primas y comida de verdad, nos parece que comer sano nos cuesta mucho más cuando realmente nos sale por casi lo mismo, solo que en ese carro abundante nos llevamos a casa muchos productos innecesarios y seguramente, no tan saludables como prometen ser. Dentro de poco en España se aprobará un nuevo sistema de etiquetado (algo que ya llevan haciendo otros países como Francia) en el que mediante colores se determinará la calidad nutricional global del alimento. Este gráfico de colores, llamado Nutri-Score, identificará que alimentos son más o menos saludables. ¿Cómo le sentará esto a la Industria Alimentaria? ¿Será suficiente para frenar el consumo de alimentos no necesarios? Yo creo que no, aunque todo está por ver…

 

– Alimentos que nos dan la solución a la falta de tiempo. Y de nuevo está de por medio la industria alimentaria para venderte la mejor lasaña congelada, los nuggets y delicias de pollo ya fritos, los tallarines que se calientan en el micro, la pizza que se hace en 2 minutos, ensaladas ya aliñadas, espaguetis ya cocidos y salsas con sabor a paella. “Vivimos una vida frenética y puede que no tengamos todo el tiempo que nos gustaría para cocinar”…mmm no, ¡por ahí no paso! Admitámoslo, nos estamos volviendo cada vez más vagos, no queremos pensar y queremos que nos lo den todo hecho. ¿pero de verdad nos quitaría tanto tiempo abrir un tarro de alcachofas cocidas y saltearlas en una sartén? No, pero entiendo que sea mucho más cómodo pensar que llevamos una vida acelerada y que los alimentos precocinados nos solucionarán más de una cena.

– Conflictos de interés y publicaciones sesgadas. Los mensajes sobre salud y nutrición que se dan a la población deberían tener evidencia científica y además no estar influenciados por ningún tipo de empresa. Desgraciadamente muchas veces esto no es así. Y es que la industria alimentaria asoma de nuevo la cabeza patrocinando congresos, asociaciones, charlas, ponencias, actividades deportivas, campañas de salud, entre otros. Las investigaciones en el campo de la alimentación deben ser financiadas económicamente para que se lleven a cabo, está claro que sin pasta esto no va a hacia adelante, pero, ¿es ético que una empresa de bebidas azucaradas financie investigaciones y luego patrocine una campaña contra la obesidad infantil? y ¿de verdad que con esto no estamos desorientando cada vez más a la población sobre lo que es o no es un alimento saludable?

– Profesionales sanitarios que no dan un mensaje claro.

Estas frases las hemos oído todos (y más de uno ha dicho):  “hay que comer de todo”, “por un poquito de esto al día no pasa nada”,    “una copita de vino es cardiosaludable”, “la cerveza rehidrata”,“el azúcar es necesario para el organismo”, “hay que comer 5 veces al día”, “la carne es la única fuente de hierro” “los lácteos son imprescindibles”. ¿Y quién no se va a creer todo esto si lo dicen muchas asociaciones médicas o profesionales sanitarios? La gente lleva casi grabado en su ADN estas declaraciones de salud y es verdaderamente difícil para los Dietistas-Nutricionistas desmentirlas y/o aclararlas. Estas y muchas otras, no deberían ser recomendaciones en alimentación. Ponernos de acuerdo para dar un mensaje claro sería lo ideal para dejar de confundir a la gente.

– Sanidad Pública y Dietistas-Nutricionistas.

España es de los pocos países que NO incluye en servicio de Nutrición y Dietética en la Sanidad Pública. Titulados universitarios, la mayoría de Universidades Públicas, pero que luego trabajan en el sector privado.
Osea, que el Estado (o contribuyentes) invierte en formar a este profesional sanitario, para luego no darle cabida en la Sanidad Pública. 
Se ha demostrado que en materia de prevención de enfermedades no transmisibles (asociadas a obesidad), los D-N tienen un papel fundamental. Éstas a su vez generan un gasto público mayor que el que supondría incorporar a la figura del dietista-nutricionista como profesional sanitario en hospitales y en atención primaria de centros públicos. En 2012 se hizo un estudio en Holanda que demostró cómo la incorporación de dietistas-nutricionistas suponía un ahorro en atenciones sanitarias. Más info: Estudio del costo-beneficio del tratamiento dietético        Con todo ello, existe el riesgo de que la gente que no tenga posibilidad económica para una asistencia privada, recurra a métodos y pseudo-tratamientos que puedan poner en juego su salud.

 

Categorías: Opinión

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